domingo, 28 de octubre de 2012



Quentin Tarantino debutaba en la película 'Reservoir Dogs' como director y guionista, en 1992. Era desconocido entonces, pero con poco dinero consiguió enganchar a las masas. El sello propio del también productor y actor quedó plasmado en la película y le llevó a hacerse con el premio a mejor dirección y guión en Sitges. 

El premio a mejor guión, algo que ha seguido consiguiendo a lo largo de los años, ya demostraba que Tarantino apuntaba maneras. Desde su primera película, todas han mantenido títulos llamativos y más cortos, con dos palabras: ‘Kill Bill’, Malditos bastardos’, Pulp Fiction’.




sábado, 27 de octubre de 2012



El libro habla de un personaje central: Dante, realiza un largo camino de aventuras acerbas y gozosas. Pero éstas no pueden emprenderse sin un guía, que conduce al héroe por tierras desconocidas y es su apoyo físico y psicológico. En el primer tramo del viaje, Infierno y Purgatorio, ese guía, padre, maestro, será Virgilio; y más allá, en el Paraíso, lo guiará Beatriz, su amada. Dante sufre una evolución a través de su paseo por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Esta evolución no es otra cosa que las huellas de lo visto que lo hacen madurar. Dante no será el mismo después de haberse encontrado con los perversos del Infierno, los esperanzados del Purgatorio y los caritativos del Paraíso. El viaje, la peregrinación, lo afecta en lo más hondo de su ser y es así que madura, crece en razón y fe y aprende (…).






La sombra proyectada muestra detalles que no se logran percibir a simple vista, como la marca de la raqueta. 


La separación de las piernas y la leve inclinación de todo el cuerpo hacia la izquierda ponen en evidencia la elasticidad de la deportista, que realiza una serie de maniobras para efectuar su saque. 

La tenista juega con tal energía y fuerza que parece estar suspendida en el aire.






El padre del coronel Aureliano Buendía lo llevó a conocer el hielo; y, luego de muchos años, frente al pelotón de fusilamiento, recordó aquella tarde remota. 

A la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaba por un lecho de enormes piedras como huevos prehistóricos y tan blancas como pulidas, se encontraba Macondo, una aldea de veinte casas de barro y cañabrava. 

Era tan reciente el mundo, que para mencionar muchas cosas había que señalarlas con el dedo, pues carecían de nombres. 

Así pasaron los días en aquel lugar donde no existían estrellas ni luna, solo el sol brillaba y a las justas llovía.






En el documental se cuenta la historia de uno de los libros más queridos en estas últimas seis décadas. Hay un nombre que a muchos no se nos viene a la mente cuando nos preguntan sobre textos famosos. Sin embargo, quién no ha aprendido a leer con “mi mamá me mima”. Ese fenómeno se llama “Coquito” y su gran autor es el arequipeño Everardo Zapata Santillana, quien ha sido capaz de convertir una tortuosa clase escolar en lecciones amenas. Ha vendido más copias que cualquier libro nacional. Además, no solo fue víctima de la piratería, sino que también se utilizó el nombre para crear un sinnúmero de accesorios como zapatos y jabones. 

Más de 35 millones de niños han aprendido a leer con este delgado texto cargado de imágenes y colores. Aunque hoy en día, esta metodología coquito-didacta ha sido motivo de polémica por ser denominada “incompleta” y carente de realidad. Lo cierto es que nadie podrá matar al Coquito que todos llevamos dentro. 








En el fragmento de la película "Tinta Roja" dirigida por Francisco Lombardi se cuenta la historia de Alonso Ferrer, un estudiante de periodismo que ingresa a trabajar a un conocido periódico, "El Clamor". 

Su jefe, un sujeto que desde el inicio le brinda un trato despectivo y le da a entender que no es apto para el puesto, lo apoda "Varguitas". 

Como todo aprendiz tiene que ganarse el derecho de piso realizando artículos que no son de su agrado. Además, debe redactar las noticias con un estilo característico, de tal manera que el lector viva la historia. El objetivo es mezclar la literatura con el periodismo.






Arribé a Tarapoto porque me informaron que en este lugar residía mi abuelo, un tal Serapio Torres. Mi tía me lo confesó. Y yo le aseguré que viajaría para conocerlo cuando ella falleciera. La besé en la frente como juramento de que no fallaría, pues se encontraba a punto de fenecer y yo en aras de complacerla en lo que estuviese a mi alcance. “No te olvides de cumplir tu promesa - me advirtió. Le dicen Fulanito y a veces Menganito. Estoy convencida de que se llevará una gran sorpresa cuando le digas quién eres”. Por esa razón no tuve otro remedio que reiterarle mi compromiso, se lo dije y continué haciéndolo, inclusive luego de que mis dedos no pudieron zafarse de sus manos finadas que me sujetaban.




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